En ocasiones, la vivencia de una infancia traumática provoca la construcción de un muro a tu alrededor, a modo de coraza de protección frente a las agresiones externas que pueden desestabilizar una tierna mente infantil y un corazón herido.

Con los años y las experiencias, ese muro se va volviendo más y más impenetrable hasta convertirse en “otro YO”; un YO fuerte y resoluto capaz de mantener la calma cuando todos los demás la pierden, un YO frío y poco espontáneo que calcula cada palabra y gesto, un YO que no se amilana ante ninguna circunstancia, un YO capaz de salir de cualquier situación… a veces, un YO que puede parecer altivo, prepotente o demasiado controlador.

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Pero ese YO, que casi siempre se confunde con la propia piel, en el fondo esconde un YO asustado y temeroso, inseguro de sí mismo y desconfiado de todo lo que le rodea, un YO necesitado de cariño y comprensión… un YO, cargado de emociones y sentimientos que no consiguen brotar y mostrarse.

“Cuando comencé mi proceso de sanación, años antes de saber incluso en qué me estaba embarcando, una de las cosas que más me atemorizaba era “desbordar” todo mi dolor, expresar toda mi frustración. Era tanto y estaba tan acumulado en todos los rincones de mi ser, que temía empezar a llorar y no poder parar en días. Pero, de algún modo, también era consciente de mi necesidad interna de expresar todo el amor que llevaba dentro, de sacar todo el dolor que me mantenía en constante tensión interna.

Mi primera gata me ayudó a expresar ese amor.
La primera vez que le dije “Te quiero” me entró la risa y creo que hasta me sonrojé. La segunda vez, rompí a llorar como una niña.

Mi pareja me ayudó a sacar el dolor.
Él me aportó un puerto seguro. Un lugar donde atracar y quitarme la coraza, donde poder desbordar mi dolor libremente.

Jamás encontraré las palabras adecuadas para agradecérselo  <3 “

¡Llorar es sano, no te avergüences!

Es normal que te asuste mostrar tus emociones, si desde tu más tierna infancia luchas contra ellas para no mostrar tu vulnerabilidad. Mantener en pie el muro protector exige mucha disciplina interior y tu mente se resiste con uñas y dientes a los cambios, y seguramente te digas a ti mismo “no me siento mal con respecto al pasado, no tengo traumas, no necesito sacar esas emociones negativas, prefiero no recordarlas”…

Pero esa situación no puede mantenerse eternamente sin pagar un alto precio. Las emociones no expresadas permanecen, bloqueando tu sistema energético, y terminan afectando al cuerpo físico, que somatizará enfermedades y dolencias.

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A estas altura, no creo que sea necesario explicar que para poder sanar dichos malestares físicos definitivamente, habrá que movilizar los bloqueos energéticos y cambiar las pautas de comportamiento necesarias para evitar nuevos estancamientos:

  • Encuentro el modo de expresar mi malestar en el momento, en lugar de callarme y dejarlo engordar dentro de mí hasta que se transforma en ira.
  • No retengo mis lágrimas (de tristeza o de alegría) sólo porque haya otras personas a mi lado.
  • Expreso mis sentimientos a mis familiares y les agradezco lo que me aportan.
  • Asumo mis vivencias y perdono a aquellos que me dañaron.

Comienza poco a poco y siempre en entorno seguro; coméntale a tu pareja/familiares para que entiendan los posibles cambios de humor o comportamiento, pide su apoyo e intenta que se involucren en tu proceso respetando, al mismo tiempo, sus propios límites -recuerda que es TU PROCESO, no el suyo- y no dudes en solicitar ayuda externa si lo consideras necesario. Avanza a tu ritmo y establece metas pequeñas para ir consiguiéndolas, eso te motivará.

 

Busco mi propia verdad. Me convierto en mi propio Maestro.

Lloviendo lágrimas

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